16 de enero
Llegué a mi nueva comunidad. Hace cinco años no cambiaba de casa aunque iba cambiando de servicios. La vida va llenando de desafíos esos rincones de aire donde las seguridades no aparecieron para quitar lo sorpresivo y brillante de lo inseguro. Entre los rincones de aire los desafíos en la nueva comunidad son grandes no porque el trabajo y la vida de la comunidad sea compleja o desagradable. El desafío de amarnos como hermanos y de amar la vida viene dibujando el esbozo de lo que el corazón intenta vivir.
Tras los pasos iniciales, el resto va solo.
27 de enero
Hoy hace un año que morí. En mi nueva vida vengo recordando... mientras escribo. Era un 27 de enero cuando salí de casa como habitualmente y por error mio un auto me atropelló. Así como un 27 sería el día de mi muerte, un 27, yo lo vi, estaba en el relato, tras el impacto yo tendría que haber volado varios metros hacia adelante pero acá estoy, disfrutando de este plus de vida, que estuvo teñido de alegrías... celebro mi nuevo primer año de vida... y allá vamos, tras los andares que este segundo propone.
recortes de intimidad, pinceladas de extimidad, rejuntes de asombros, secretos a voces y sueños inconclusos entre días de amor y de color.
jueves, 28 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
El abuelo
9 de diciembre. En bici vengo llegando a la casa desde donde en bici el abuelo y la abuela nos veían partir.
Toco timbre y se asoma.
-¡qué sorpresa!
Le había dicho que uno de estos días venía pero no le había dicho cuando.
Le pregunto cómo está y me dice:
-¡fenómeno!
Parece que sí aunque cada vez más quieto y callado, como quien no teme al silencio. Pasa sus horasr mirando la calle, sentado entre sus cuadros, entrelazando mudez con silbido.
El abuelo fue siempre un tipo ágil y de moverse mucho... siempre compartió con nosotros historias y conversaciones. Hoy, con 87 años, lúcido pero quietito nomás, mientras los recuerdos, imagino, pasarán por su cabeza, asegura no haberse aburrido nunca en su vida.
¿En qué piensa? ¿Qué mira? ¿Qué calla ese que nos entretenía mañanas y tardes dándonos para jugar en el mostrador de su negocio?
¿Qué cuentas, abuelo, mientras te despides?
Toco timbre y se asoma.
-¡qué sorpresa!
Le había dicho que uno de estos días venía pero no le había dicho cuando.
Le pregunto cómo está y me dice:
-¡fenómeno!
Parece que sí aunque cada vez más quieto y callado, como quien no teme al silencio. Pasa sus horasr mirando la calle, sentado entre sus cuadros, entrelazando mudez con silbido.
El abuelo fue siempre un tipo ágil y de moverse mucho... siempre compartió con nosotros historias y conversaciones. Hoy, con 87 años, lúcido pero quietito nomás, mientras los recuerdos, imagino, pasarán por su cabeza, asegura no haberse aburrido nunca en su vida.
¿En qué piensa? ¿Qué mira? ¿Qué calla ese que nos entretenía mañanas y tardes dándonos para jugar en el mostrador de su negocio?
¿Qué cuentas, abuelo, mientras te despides?
jueves, 31 de diciembre de 2009
lunes, 23 de noviembre de 2009
El andante...

Prefacio:
"Andaba una vez andando la vida del andante y su andar era la vida, siendo su vida no más que eso, vivir andando, andar viviendo, y en el andar pisar el suelo, abrazar la vida, dejar una huella, buscar sin pretender nada, caminar sin proponerse destino.
“El andante” es la historia de un cuentacuentos que va por la vida resucitando historias, escuchando personas acá y contando lo escuchado allá, nutriéndose de todas ellas, tendiendo puentes, intercambiando asombros… un sereno caminante, un inquieto itinerante.
El sueño de muchos novelistas es que el lector tome el libro y no pueda parar de leerlo, que avance con incontenible gusto, página tras página. Yo sueño distinto. Sueño con que los dos o tres amigos que lo tengan entre manos lean unos pocos párrafos y se queden con ellos sin poder avanzar, que se acuesten con ellos, abrazándolos, que coman junto a ellos, que los carguen en su bolsillo al ir a trabajar, que se los cuenten a otros, como párrafos inquietos, como palabras con rueditas…"
¿terminaré alguna vez este libro? Tal vez me detenga el pensar que terminarlo es como darle un cierre a algo que en la vida no lo tiene... el andante sigue...las historias viven... los párrafos se inquietan... y bue... pero tal vez en las vacaciones lo terimine... o lo cierre, como primera versión... que se redibuja en cada instante, en cada sonrisa, en cada pisada...
domingo, 11 de octubre de 2009
Conocí a Don Bosco y lloré... no fue emoción
Mi primer recuerdo al entrar en una casa salesiana estuvo teñido de llanto. Tengo muy presente ese momento.
Agustín era un chico tímido como pocos imaginan. Sólo algunos recuerdan ese inicio excesivamente introvertido de mi vida.
Entré al colegio Pio X en el año 87 junto a mamá. Caminamos hacia la izquierda y luego subimos las escaleras. Allí nos esperaba Liliana, la maestra de 1ºB, diminuta y sonriente. Mis compañeros saludaron a sus mamás y formaron para entrar al curso. Yo no quise saludarla porque beso era despedida.
El gran edificio era como un mounstruo de los más grandes que había visto en las historietas. Cambié beso por llanto, haciendo saber que no quería permanecer en la casa del mounstruo. Entré igual pero mamá se quedó todas las horas de clases asomadita, dando señales, detrás de la ventana, como contando que el mounstruo donde estaba era sólo una historieta.
Al día siguiente comenzamos a amigarnos porque el cole no eran las paredes sino algo así como un hombre con bonete y sonrisa. El mounstro cayó al olvido y nació un Don llamado Bosco, que se fue asomando inicialmente en la vida de mis maestras y, al poco tiempo, me llenó la vida...
Agustín era un chico tímido como pocos imaginan. Sólo algunos recuerdan ese inicio excesivamente introvertido de mi vida.
Entré al colegio Pio X en el año 87 junto a mamá. Caminamos hacia la izquierda y luego subimos las escaleras. Allí nos esperaba Liliana, la maestra de 1ºB, diminuta y sonriente. Mis compañeros saludaron a sus mamás y formaron para entrar al curso. Yo no quise saludarla porque beso era despedida.
El gran edificio era como un mounstruo de los más grandes que había visto en las historietas. Cambié beso por llanto, haciendo saber que no quería permanecer en la casa del mounstruo. Entré igual pero mamá se quedó todas las horas de clases asomadita, dando señales, detrás de la ventana, como contando que el mounstruo donde estaba era sólo una historieta.
Al día siguiente comenzamos a amigarnos porque el cole no eran las paredes sino algo así como un hombre con bonete y sonrisa. El mounstro cayó al olvido y nació un Don llamado Bosco, que se fue asomando inicialmente en la vida de mis maestras y, al poco tiempo, me llenó la vida...
jueves, 8 de octubre de 2009
atardeceres
(Más de mis viejos escritos... 27/8/04)
A veces pienso que tendríamos que ser como el sol en los atardeceres. Durar unos pocos pero plenos instantes. Descender irradiando aquella Fuente de calor que está en nuestro interior. Morir en el horizonte con la confianza de que la irradiación sembrada comienza a dar el vivo tono anaranjado a las nubes que quedan.
A veces pienso que tendríamos que ser como el sol en los atardeceres. Durar unos pocos pero plenos instantes. Descender irradiando aquella Fuente de calor que está en nuestro interior. Morir en el horizonte con la confianza de que la irradiación sembrada comienza a dar el vivo tono anaranjado a las nubes que quedan.
martes, 6 de octubre de 2009
¿Me cambiarías por un diskette?
Hablando de viejos escritos... del 2003... cuando se usaban diskettes
¿Me cambiarías por un diskette?
Hace no muchas horas estando yo fuera de la casa le dije a un conocido que al volver le enviaría un texto de tenía guardado en la PC. Llegué y el técnico de las máquinas había decidido cambiar algunas cosas, y entre ellas, se perdió en el “espacio virtual” todo mi almacenamiento de datos, escritos personales, trabajos para presentar, inquietudes y temas de interés, subsidios de formación y demás archivos que tenía meticulosamente ordenados en mi carpeta virtual.
Debo reconocer que al principio me movía entre la broca y la desesperación. Bronca por el error de mi querido técnico. Desesperación porque, me doy cuenta ahora, estaba un poco apegado a todo eso que tenía acumulado. Decía en mis adentros: “todo lo que he perdido. Tanto bien podría haber hecho con todo eso. Tantas cosas había escrito sobre el paso de Dios en mi vida que al releerlas eran como caramelos para el alma… Tanto tiempo invertido en armar todo ese vademécum de intereses de los jóvenes y hoy eso está peor que quemado, porque ni cenizas quedan al eliminar datos de un mundo virtual…”
Aún en medio de las ganas que tengo de tener en uso esos archivos nuevamente siento una voz interior que me dice: “Me elegiste a mi”. Simplemente y solamente eso me dice, repitiendo varias veces. Sí, es a Dios a quien elegí. Sólo a Él. Y si Él me pide que todo ese castillito de archivos se derrumbe para que no me encariñe con el castillito y sí con él, pues, allá voy.
Porque en la vida lo bueno y el bien que con eso podríamos llegar a hacer puede tener una sutil trampa, y ella jugarnos una mala pasada: estando acostumbrados a las cosas nos olvidamos por quién la hacemos.
Allá queden entonces mis escritos, mis trabajos de clase, mis temas de formación y todo lo que tenía grabado, todo el bien que podría haber hecho. Yo me voy con quien me pidió que lo deje todo, incluso hasta los bienes pequeñitos.
Aún me parece hoy más cierto el refrán de que “no hay mal que por bien no venga”. Al menos a mí, el error del técnico en PC me ayudó a centrar la mirada en aquel a quien he prometido la vida.
(2003)
¿Me cambiarías por un diskette?
Hace no muchas horas estando yo fuera de la casa le dije a un conocido que al volver le enviaría un texto de tenía guardado en la PC. Llegué y el técnico de las máquinas había decidido cambiar algunas cosas, y entre ellas, se perdió en el “espacio virtual” todo mi almacenamiento de datos, escritos personales, trabajos para presentar, inquietudes y temas de interés, subsidios de formación y demás archivos que tenía meticulosamente ordenados en mi carpeta virtual.
Debo reconocer que al principio me movía entre la broca y la desesperación. Bronca por el error de mi querido técnico. Desesperación porque, me doy cuenta ahora, estaba un poco apegado a todo eso que tenía acumulado. Decía en mis adentros: “todo lo que he perdido. Tanto bien podría haber hecho con todo eso. Tantas cosas había escrito sobre el paso de Dios en mi vida que al releerlas eran como caramelos para el alma… Tanto tiempo invertido en armar todo ese vademécum de intereses de los jóvenes y hoy eso está peor que quemado, porque ni cenizas quedan al eliminar datos de un mundo virtual…”
Aún en medio de las ganas que tengo de tener en uso esos archivos nuevamente siento una voz interior que me dice: “Me elegiste a mi”. Simplemente y solamente eso me dice, repitiendo varias veces. Sí, es a Dios a quien elegí. Sólo a Él. Y si Él me pide que todo ese castillito de archivos se derrumbe para que no me encariñe con el castillito y sí con él, pues, allá voy.
Porque en la vida lo bueno y el bien que con eso podríamos llegar a hacer puede tener una sutil trampa, y ella jugarnos una mala pasada: estando acostumbrados a las cosas nos olvidamos por quién la hacemos.
Allá queden entonces mis escritos, mis trabajos de clase, mis temas de formación y todo lo que tenía grabado, todo el bien que podría haber hecho. Yo me voy con quien me pidió que lo deje todo, incluso hasta los bienes pequeñitos.
Aún me parece hoy más cierto el refrán de que “no hay mal que por bien no venga”. Al menos a mí, el error del técnico en PC me ayudó a centrar la mirada en aquel a quien he prometido la vida.
(2003)
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