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lunes, 25 de febrero de 2013

La llegada

Clara llegó. En una esquela anotó que no se llega cuando finaliza el viaje sino cuando comienzan otros, tras el desembarco. Al adiós no le faltaron llantos pero hoy la memoria es luz del porvenir.
Los viajes de Clara comienzan como colorido de paleta de pintor. Primero parecieron pocos, primarios. Y un blanco. Y un negro. Uno en cada rincón.
La sed demandó nacimientos y los nuevos colores fueron ocupando las vacíos. A ritmo de pincel la vida de Clara viajó por los recorridos soñados y, en cada "allí", se sembró y se regó.
La pequeña sigue viajando. Cuenta que viaja a visitarse y a tirar unas gotas sobre sus sueños paridos. Deja siempre un bolsillo roto y de cuando en cuando, como con el nacimiento de los colores, la tierra, sedienta, tironea.

El adiós

Clara, la olvidada, hizo el último movimiento de manos para saludar al vagón del fondo, y el tren se fue.
Una cosa es subirse al vagón y tener todo listo: los sueños, los "bártulos" y esas "macanas" que se necesitan para viajar. Otra es soltar amarras. Con la cuerda suelta, cerro el tiempo de pequeñas-grandes muertes que a veces tuvieron abrazo y otras se diluyeron sin más dato que el llanto y la tristeza.
Le digo a Clara lo que canta Pedro:
"Forzaste quizá demasiado los lazos/ pensando que en eso consiste el amor"
Y la pequeña, esperanzada, rompe en llanto, cierra los ojos y dice ¡Adiós!

martes, 27 de noviembre de 2012

Ausencias/2

Se fue por el orificio de la pileta, en un descuido, resbalándose como jabón. Clara la amaba como a pocos en el mundo, pero él quiso desprenderse de sus manos, que no la querían como prenda sino como una luz más entre los isondúes que nos amamos al andar. 
Han pasado ya meses y Clara cuenta que el olor del jabón no se va. No hay manera de saber en qué lugar de la cañería se ha escondido. Sólo quedan los "atrases": su abrazo en piel, su llamativa sensibilidad, su entrega total en cada causa y su sensación de vivir derrotado, que lo llevó al suicidio de ella y a la insuficiencia de ese perfume en las manos, que no lo logra traer.
La promesa de libertad no quiere enjaular al pájaro. No esperaba esa despedida pero así, triste, así de triste, fue.

martes, 20 de noviembre de 2012

Los que rocían naceres

Clara lee sus escritos olvidados:
-Al final de este viaje, sólo me quedarán entre manos y recuerdo los que regaron la siembra, rociando gota a gota aquellos minúsculos naceres donde puse la esperanza. Esos que atendieron el riego cuando no tenía de dónde sacar fuerzas. ¡Los isondúes siguen encendidos y hacen todo para que nos coincidan los ratitos!
Otros, tal vez atraídos por Añá, ahuyentados por la tierra movida y asustados por los brotes desconocidos, emprenderán el viaje para jamás volver.

La pequeña intenta repetir el esquema y procura hacerse cargo también de los temerosos idos. Un día logrará saber que no es la madre de todos, y saberse madre, hermana y amiga de los riegos compartidos mientras va pariendo el nuevo nacimiento.
Lo que vive Clara hoy me nombra.
Belli:
-Sé que ciertas imágenes de mi pasado han entrado a sus sueños, que puedo espantar su miedo oponiéndole mi resistencia. Sé que habito su sangre como la del árbol, si bien no me está dado cambiar su sustancia, ni usurparle la vida. Ella ha de vivir la suya, pero yo soy el eco de una sangre que también le pertenece.

martes, 13 de noviembre de 2012

Las cajitas, tras la lluvia

Papá era pediatra y cuando niños nos traía cajitas de medicamentos que con plasticola, tijera y fibrones convertíamos, al instante, en edificios de los más variados que puedan imaginar.
Los entusiasmos y un rincón arquitectónico heredado de mamá, nos llevaban a convertir cajitas en grandes rascacielos.
Mientras vuelvo al pueblo donde nacieron sus primeros pasos el pediatra y la arquitecta, los rascacielos de las ciudades se vuelven ajenos.
No sé bien por qué, un día al madrugar, recordé aquel espíritu constructor. Justo había caído una gran tormenta y las cajitas no resisten tanta lluvia sin desplomarse. Al parecer, dijo Clara, no resisto yo tanto edificio sin desarmarme.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Del cajón a la luz

Clara estaba guardada en los cajones del placard. Hace meses que no veía la luz y la asfixia la condenaba a la muerte próxima. Había llegado al cajón, aturdida de tantos ruidos que la ensordecían. Manos y piernas tenían los ruidos y la empujaban de un lado a otro, con ojos vendados, sin dejarla un instante quieta, para darse lugar en el silencio.
-Unos dicen que aquí, otros dicen que allá. Debo partirme en dos... -canta Silvio.
En dos, en tres, en diez y más -dijo Clara, para ser todo eso que pretenden de mi.
La pequeña se escondió en el cajón y día a día, madrugada tras madrugada, se asomaba.
-¿Todavía esperan de mi?
Sus ojitos miraban a ese gigante que permanecía allí, cerquita de la salida.
-¿A quién ves, Clara, si no hay ningún gigante?
Callaron los ruidos e inundaron los silencios. Y en el silencio logró salir.
La temerosa sólo sabe susurrar. En silencio susurra como el viento sobre la paja: anunciando lo que viene.

domingo, 26 de agosto de 2012

Nostalgia de tren

Clara amaneció nostálgica. Tuvo un nosabequé: sueño o pesadilla.
Me cuenta que ayer había caminado por las vías del tren.
-¿Se puede ser nostálgica de lo que nunca se conoció?
Le digo que no, pero me sale con no sé qué historia de los espíritus ancestrales y algo de una memoria colectiva que se anuncia en nuestros genes.
-Yo caminaba triste por la abandonada vía del tren. El tren venía de Córdoba y pasaba pueblo por pueblo, como hoy lo hace el Aquidabán en el Chaco Paraguayo, llevando de tornillos a familias, todo lo que esté en el medio.
Gastón recuerda haber visto en la ventanilla al presidente Illía, rumbo a Cruz del Eje.
La pequeña iba de vagón en vagón. Los viajeros la bajaban a las hamacas de los pueblos y la acercaban "a ver la velocidad", junto al maquinista.
El sueño de Clara nunca pudo ser parido. Ese tren dejó de funcionar en 1977 y lo demás fue puro intento.
Por opción o puterío, los trenes en Argentina no vuelven a rodar hasta nuevo aviso.
Los dinteles lloran su madera con chillido de entraña cuando Clara camina por allí. De noche lloran, además, los pueblos idos, niños inocentes que no tuvieron ni voz ni voto en este entuerto. El óxido de la vía le roba la esperanza al sueño que quiso ser, y no fue.
La niña camina triste, cantando camina: "en soledad/ por un sendero ya olvidado/ buscando huellas de otra edad/ signos eternos enterrados" (Elizabeth Morris)

 

miércoles, 25 de julio de 2012

Renacen los abuelos/2

¿Curiosidad ante el siempre nombrado rincón del mundo? ¿Unión de eslabón en tensión? ¿Genealogía de filósofo? Clara y su maleta vuelan, haciendo caso al imán.
El abuelo Lito, como tantos hoy abuelos, había partido hacia Argentina mientras el siglo se asomaba y España se secaba. Con un par de bártulos y la certeza de estar económicamente un poco menos peor, subió al barco y casi nunca más volvió.
Lito traía sus pisadas por Valencia en cada ronda familiar. Los relatos se contaban como transfusión de sangre y Clara los abrazaba mientras prometía volver.
Bártulos van, bártulos vienen y así un día ella apareció donde él amamantó.
-Al llegar mi corazón latía sintiendo, latía sonriendo, latía agradeciendo. La transfusión había sido tan exitosa que logré percibir olores y sabores familiares que estaban desde siempre. ¡Los abuelos renacían!
Con lágrima en sus ojos, con lágrima en los míos, Clara cuenta que sólo dos cosas estaban como antes: el pozo y el reloj.
-Una fuente y un tiempo, para volver a nutrir el camino.
No hay tiempo sin agua y el pozo lo sabe: refleja en su espejo "más de cien pupilas donde vernos vivos" El reloj gira, incasable como conejillo de indias frente al queso, siendo testigo de los ojos que el pozo reverdeció.
Clara tiene ojos verdes. ¿Tendrá algo que ver el abuelo, en todo esto? ¿O fue el pozo? ¿O fue el tiempo?

domingo, 22 de julio de 2012

Terapia de tierra movida

De las terapias de este siglo, andar en bici y remover la tierra me enamoran y sanan. Pero como a los sueños olvidados, había encajonado este acto de fe en palpar la tierra y hacerla desgranarse en mis manos.
Mientras ella va y viene, encontrando lugar, la tierra me recuerda el motín de sueños y los cortasueños en combate. Los cortasueños mantienen la esperanza de gobierno y hablan de migas pasadas, sin recordar siquiera la tesis central de Hansel y Gretel.
Clara, encabezando el motín, dedica tiempo y canto para hacerme soñar:
-Los que te aman no están en las migas sino en el embarazo. Aunque hijos de los días pasados, los sueños se sueñan con quienes te abrazan hacia un nuevo amanecer. El embrión quiere al pozo por el agua que el dio e ignora la miga que por miedo al futuro habría podido dejar.
La tierra movida movida está. El terrón se ha desperdigado y el cantero se alista para quien quiera sembrar.

martes, 17 de julio de 2012

Los sueños paridos

Tras el motín, los acallados sueños se empiezan a soñar y los olvidados esperan resurrección para ser el sueño más soñado. Clara desempolva la cajita de sueños y volviendo a la niñez los zamarrea como a su viejo sonajero. La cajita-sonajero va dando las notas con que los sueños quieren ser soñados. Clara marca el ritmo y lo acompasa a su corazón.
Adentro de la cajita los sueños van y vienen:
Los sueños ansiosos intentan quedarse cerca de la tapa, para ser soñados primeros.
Los sueños remolones no se despegan de la base y, mal que les pese, permanecerán en el olvido.
Tampoco encontrarán oxígeno los sueños aburridos, los sueños prolijos, los sueños que condenan y los sueños que encarcelan.
Los sueños pasionales, en cambio, intentan amarse con otros y reproducirse, para ser soñados cada noche. Los paridos de esos sueños dan la nota, marcan el ritmo y logran que Clara vuelva a cantar y bailar.

sábado, 16 de junio de 2012

Motín de sueños

Como niños esperando timbre de recreo, los sueños expectantes miran la puerta que los asoma al más allá, a ese futuro que es puro juego y canción. Hace tiempo que los sueños aguardan y escuchan "esperá un porquito", "más adelante" y "olvidate, ya está"
Clara cuenta que días atrás vio un puñado de sueños amotinados, dispuestos a huelga de hambre si es necesario, con tal de ser soñados. Y en motín, enseguida surgieron los roles:
-De acá no nos movemos  -anunció el vocero de los sueños.
-Este día consta en acta -dijo el secretario de los sueños.
-Yo armo el mate y preparo la guitarra -expresó ese sueño que hace mucho que no hablaba.
Otro sueño, que siempre se creyó filósofo, alzó la voz:
-La vida es movimiento. El movimiento va marcando el paso y la manera de pisar.
No faltó el sueño hippie y ciclista:
-Giraré, giraré tanto los pedales, tanto, tanto, que llegaré a volar.
Y ahí van, los amotinados sueños, con mate y cuento, pedal y canto, queriendo ser soñados, bailando hasta madrugar.

domingo, 27 de mayo de 2012

No callan ni pierden la canción


Las voces que claman juegan como si fueran niños cantando andares de sólo vivir. Recuperan la voz de Agustín, que siglos atrás pronunciaba “Ama y haz lo que quieras” y la canta parafraseando: “Ama y prescinde de lo que quieras”
Ciertos días las voces ensordecen, reventando tímpanos, vibrando adornos. Cuando ensordecen Clara anda lento por la vida, recorre las esquinas de su casa sin saber qué tiene que hacer.
Otros días las voces sólo susurran, dejando caminar y respirar. Sea que susurren, sea que ensordezcan, las voces que claman no callan ni pierden la canción:
“Yo sólo quiero darte luz
cobijarme en tus sueños
abre esa ventanita del corazón que haz olvidado
Antes de que amanezca quiero saber si estás a mi lado”

martes, 8 de mayo de 2012

Voces que claman

Clara está de regreso. Hace tiempo que escucha voces que gimen desde lejos sin saber cómo ni cuando se pronunciaron. Gritos que claman y reclaman pasos sin dar, horizontes sin vislumbrar. Ese otoño suelta la hoja. 
La tierra la recibe e imparte la humedad que el árbol ya no le da. La hoja llora. El árbol extraña con dolor de entraña y se siente muerto de miedo por el frío por el frío que el tiempo anuncia. Hoja y árbol duelen distancia, por más certeza de responder a esas voces que claman. Ellas, las voces indescriptibles, anidan en el corazón y, encaprichadas, no se irán sin su cometido.
La lágrima, que baja acompasada a la hoja, pronuncia grito de tristeza y mientras cae intenta, pataleando en grito para que vuelva lo que se fue, callar las voces que claman. Pero no hay pataleo que alcance ni intento de afinación. Clara me cuenta que la guitarra se siente ajena en aquel bar y quiere acompañar otros cantos: cantos con letra de las voces que invocan, esas que desde lejos reclaman nuevos ríos por donde su vida va.

lunes, 9 de enero de 2012

¡Este enero biennacido!

7 de enero

Toma el primer envión el año de la incertidumbre. Ya no curso más en la facultad, ya no tengo que rendir, el tiempo de tesis está e su plenilunio y todo... todo.. se dispone para la misión entre los jóvenes. Mientras esas despedidas ocurren, cada encuentro se vuelve celebración de los últimos, aunque tal vez no lo sea... y cada no-encuentro, cada distancia difícil de acortar, se torna dolorosa.
Los primeros pasos del andar fueron sobre suelo de arena junto a mi familia. Días de contarse mucho y hacer poco. Hace mucho que no hacía tan poco. ¡Me hizo tanto bien!
La pequeña Pilar se adueñaba de nuestras miradas y exponía nuestros rincones de ternura. Entretanto, el mar que mirábamos cuando Pilar no era nuestra dueña, trae olas incansablemente. Clara me cuenta a lo lejos: pensé mucho cuando vi por primera vez el mar. Tengo amigos con los que la profundidad del compartir empezó así. De pequeñas olas, planito... pero luego no sabía hasta dónde podía llegar.
Mar adentro, mar profundo, mar de los amigos de las entrañas y de la familia amada, no te vayas. No te vayas, mar, en este enero biennacido.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Respetando distancias

Poco a poco, paso a paso, Clara va creciendo. La enamorada sin límites, que expresa sentimientos en el mismo momento que nacen, aprende a retener palabras para que el decir no quiera. Algunas veces también tiene que retener encuentros, aún sabiendo de las posibilidades de que coincidan los ratitos.
Clara no quiere ocultar sinceridad sino respetar distancias.
Ellas y ellos, que se han alejado unos metros, necesitan escuchar silencios y releer aconteceres sin su presencia.
Clara los mira, a lo lejos, callada, respetuosa, sufriendo y amando, con dulzura distante, las distancias que necestian y la paz que un día van a recuperar.

lunes, 3 de octubre de 2011

Chocolates del "ottocento"

Él pisaba hace años el pequeño y añejo bar.
Ella visitaba, días atrás, la misma silla, el mismo suelo, el mismo rincón.
Por arte de magia, o gracia de un Dios, por inspiración de las musas o por empujón de un río, Clara sabía que él estaba allí, en aquel bar donde fue por primera vez a mediados del 1800.
Clara trajo chocolates comprados allí, porque ahí él estuvo, porque ahí él estaba, porque ahí él estará. Tomó el chocolate, lo partió y lo dio a sus amigos y amigas diciendo:
-Coman. Éste es el chocolate de la poesía de la vida.
Él pisa, descalzo, hace días esa pequeña historia. ¡Cuánta gente riega la vida, cada mañana, con gotas de ternura!

martes, 27 de septiembre de 2011

Aroma a tierra mezclada


Clara junta trocitos de tierra para acunarlos en la vasija que modeló con sus manos. Recoge tierra de los lugares donde la infancia se asomó, y tierra de los amores nacidos. Recoge, de casa en casa, tierra que pisaron los amigos que son la vida y esas personitas que en la historia fueron luz del mundo. Tierra de su historia, de los pasos dados y de los rincones abrazados. Tierra de los silencios, de las palabras y de la sangre y el llanto.
Clara mezcla la tierra cada mañana y la casa se llena de aroma. La tierra mezclada perfuma los primeros pasos del amanecer y los amores por venir.
Así, el corazón de amanecer recibe la visita que impulsa los amares. Y cuando olvida, triste anda Clara por la vida, sin saber para qué respirar.

viernes, 8 de julio de 2011

Este año no juntemos las hojas

Deja huella a sus pies el desnudo árbol que fue sombra y brillo hace un mes. Mientras el verde "amarillea" y el que era todo savia y vida se desnuda, el suelo acoge y se abriga con las hojas desgarradas.
Mientras la casa viene otoñando, Clara canta infancias:
-Pa. Este año no juntemos las hojas.
Hace años ella dejó la infancia y hoy, en la distancia, cuenta que así viene amando la vida. Esa, tan linda, tan bella, y tan a la vez, llena de hojas de un desgarro inevitable.
Clara todas las mañanas, tras los sueños y los rompecabezas, va y se sienta en ellas. Saca fuerzas del dolor y se lanza a un nuevo día de amor.

miércoles, 6 de julio de 2011

Rompecabezas en la noche

Clara trajo el regalo que su piel le había confesado: un rompecabezas de recuerdos y amores.
Como rompecabezas, los recuerdos de los amigxs queridxs que hoy están lejos, se asoman mientras el día transcurre.
Santi no puede intuir cuando vendrá cada pieza: llegan unas en la bici, otras en la capilla, o entremezcladas entre libros de estudio y filas de espera.
Llegan, pasan y esperan la noche. Santi, a la noche, abre la cajita de las piezas-amigxs que pasaron de visita y arma el rompecabezas de amigxs idos y de amores nacidos.
Cuando faltan piezas las trae a la memoria antes de dormir. Santi sabe que nadie puede y nadie debe faltar en los sueños, porque amores olvidados son pesadillas en la noche.
La noche trae a todxs y lxs funde en el abrazo. Allí, entre mate y mate, cada noche recrean al Amado.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Ammes viene llegando

Un poquito de lavanda, un trocito de lienzo, unos centímetros de hilo y un pequeño cartelito conformaban algo másque un sobrecito para olorizar la ropa. Agustín, Meli, Martín, Eugenia y Sebastián, en sus siglas Ammes, fundaban cada temporada una minicooperativa veraniega para "pequeños gustos en vacaciones". Mientras papá trabajaba y nosotros ya no teníamos que estudiar, mamá convocaba y cada uno iba cumpliendo su rol hasta el producto final: un rico olor para que los veraneantes lleven a sus casas.
Las bolsitas de lavanda se vendían en el negocio del abuelo y lo recaudado era para comprar juntos un helado o unas papas fritas al vendedor ambulante. Sea lo que sea, cada "gustito" que nos dábamos era más delicioso porque era fruto del trabajo celebrado y compartido.
En la dulce espera, ya elegí nombre para mi segunda netbook. Dicen que en la antiguedad, el pueblo judío asignaba un nombre y ese nombre era la misión del nacido. "Ammes": te encomiendo la misión del trabajo compartido y colaborativo, como buena hija de Ayni, y como buena nieta de la familia que llenaba de lavanda las casas de los veraneantes.
La tía Clara te teje el abrigo, y en cada puntada ensayo el canto con el que te bienvenirá.