lunes, 30 de mayo de 2011

Predestinabas

(Andares a pedal 11)


La culpa de todo tal vez la tuvo la bici cinzia. Pasada la tensión del aprendizaje sobre rueditas sucedía el desafío: hacer una nueva pirueta, ganarle al propio tiempo en la vuelta a la manzana, frenar de golpe y escuchar cómo la cubierta patina, dedicar horas de la infancia a romperla sin querer y otras, de la misma infancia, a repararla sin saber.
La nuestra, compartida con mis hermanos era rodado dieciséis y se plegaba al medio. Toda plateada y asiento simil cuero. La hacíamos ir por todos lados y la amontonábamos en el baúl de la renoleta para no extrañarla en los viajes.
La pequeña marcaba el destino... con la bici a todos lados, evitando extrañanzas.

viernes, 27 de mayo de 2011

Sorprendías


(Andares a pedal 10)

Caminaba Santi por Achával Rodríguez y un ángel lo detuvo.
-Hola amigo. Pasaba por acá y reconocí tu bicicleta. Se me ocurrió dejarte este papelito a modo de abrazo mientras sigo viaje. Te quiero mucho. Santi.
Cuando salí de la facu pensé que un folleto de los que enganchan en los autos visitaban mi vehículo. Pero no. Era Santi y su simpleza. Era Santi y sus rincones-ternura.

Frenabas




(Andares a pedal 9)

-Perdoname. A ese perrito lo envié yo, dijo Juli al enterarse que de regreso a casa me habían mordido el pié.
Juli no quería alegrarse pero sí quería que frene un poco el ritmo y confíe menos en mis fuerzas sin límites. Días atrás le había confesado que no soportaba la presión de una cosa detrás de otra, porque preocupado por el futuro, no disfrutaba el presente.
Sé que Juli no tuvo nada que ver con el perrito... pero entre ella, la bici él, un imaginario círculo de complicidad, me llevaron a frenar y me rescataron del abismo a donde me dirigía sin frenesí.

domingo, 15 de mayo de 2011

Encielabas


(Andares a pedal 8)
Sole dice que Analía dice que los amigos nos encielan, nos comparten un rincón de su cielo, de esa belleza interminable que nunca nos cansamos de mirar. Como hacen los amigos del corazón, ella, la bici, es “encieladora” durante las siestas domingueras.
Salimos juntos y dejamos en la ciudad ese que parecemos ser, esa personita hiperconectada y acelerada por el frenesí. Ese inmediato respondedor de mensajes queda guardadito por unas horas, y se asoma un ritmo nuevo, de rutina pedaleante, rumbo al lugar sin tiempo y al andar sin destino fijado. Y ahí vamos, ella y yo, encielados, despertándonos, contagiándonos, enamorándonos... abrazando... como dice la canción, “un pedacito de planeta que... ¡no pudieron robarnos!”

Trasladabas


Así sea a la esquina para comprar un poco de pan, salíamos con mis hermanos en la bicicleta. Ella tenía un encanto capaz de sostener ese absurdo. Para ir cerca o lejos, las dos ruedas se convirtieron en compañeras de compras. Confieso que mi memorioso rincón del corazón conserva el desafío de hacer que la intemperie del manubrio, los caños y la parrilla, alojen bolsas de arena, frutas, pan, palas, valijas, bidones de combustible y mucho más.
Lo peor de todo siempre fueron las bolsas de supermercado, que se empecinaban en abrazar los rayos y la cubierta.
Poco a poco trasladar cosas en bici se torna un desafío y casi una adicción. Me di cuenta de eso recién el día que me fui hacia el centro llevando diez kilómetros una bici con una mano, mientras pedaleaba sobre la otra. Nos miraron las subidas, nos miró el tránsito, nos miró el colectivero y la doña que estaba en la verdulería:
-¿Qué hace? ¿Qué hace?

jueves, 28 de abril de 2011

Zigzagueabas


(Andares a pedal 6)
Nueve velitas había soplado y papá anunciaba cuando por las montañas nos olvidábamos del mundo y nos fusionábamos con el suelo.
-Para las subidas largas, hay que zigzaguear. La pierna trabaja más descansada y entonces podrás llegar un poco más allá.
El zigzagueo se fue convirtiendo en un hábito de vida: buscarle la vuelta a lo que parece imposible de enfrentar, ir firme pero paciente y seguir, día a día, sin bajar los brazos, sin pausar las piernas, sin rendirse ante el lejano horizonte.

martes, 26 de abril de 2011

Soñabas


(Andares a pedal 5)
Voy a ponerle paraguas a la bici
y una radio y asientos para todos
y una cartel que diga “pedaleo luego existo”
y unas cuerdas para transformarla en hamaca
y un cuaderno con un lápiz.

Y le voy a hablar
y me va a responder
y nos diremos “cuidate” al separarnos
y rezará por mi
y rezaré por ella
y la enterrarán a mi lado, en el último viaje
para que no la extrañe
para que no me extrañe.

Y nos separaremos del suelo
o del cielo,
sin que nada
ni nadie, pueda detenernos.