Se fue el 2010 y este puñado de andares se fue con él. También Juli se fue y cada vez cuesta más secar llanto. Se fueron Mario y Néstor, y decenas de hermanos Pilagá. Y aunque los diariosdicen que la noticia del año fue el rescate de los mineros, no cuentan que más de 33 murieron silenciosamente, sin tele que los muestre. Tampoco alcanzó la señal para mostrar a los haitianos que se fueron ni la generosidad para que muchos de ellos no se vayan.
Otros vinieron y se ganaron un indeleble lugar en el corazón. De ellos, la mayoría aparecieron imprevistamente, sorpresivamente, mágicamente. En ellos, un Dios sorprendedor me saluda y abraza todos los días.
Termino el 2010 terriblemente alegre y saciado. Tan terrible como contrariado. Sueño un espíritu menos burgués y un discurso que se justifique menos. Sueño cruzar la frontera del saciado y no... acá estoy... otro año más... tercamente, en las seguridades en que nací, olvidando la miseria y el dolor... pero tércamente también, intentando caminar junto al Amado.
Mientras voy llegando a la terminal que prepara despedida, amontono andares del año y algunos de años anteriores y los publico como "semilibro" para descargar.
Lo titulé "Andares". Los andares que poblaron mi vida serán los tripulantes en el viaje final. Me llevarán donde quieran ir. Ellos saben dónde quiero ir.